14 nov. 2014

Maldita habituación

Nos acostumbramos como los perros a no responder ante un estímulo, nos habituamos.
Ya no reaccionamos ante gente durmiendo en la calle, sólo la esquivamos.

En una esquina donde funcionaba un bar, la imagen cambió de sillas y mesas a frazadas sucias, restos de comida y una persona durmiendo. Es invisible, el mundo sigue girando a su alrededor, nadie parece notar su presencia. Exactamente media cuadra más adelante un hombre canoso está recostado en la vereda al lado de un cartón con vino, es algo así como una parte de la cuadra con una obra, se lo esquiva.
Sigo caminando dos cuadras más y veo una chica con una beba, pidiendo. La nena en pañales está dormida en brazos de quien ni sé si es su madre. Me resisto a habituarme y a resignarme a esta cotidianidad.

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